Un verso a la distancia.

     El roció de la lluvia que ingenuamente se funcionaba con los poros de mi piel, los arcoíris diminutos que poco a poco se formaban en los charcos de la carretera ante mis ojos esa pequeña gama de colores que me hacían divagar y sentir tu olor. Un poco pálida como siempre desanimada y marchita como nunca escuchaba como las gotas razonaban en el techo del balcón mientras sutilmente tu recuerdo formaban versos en mi subconsciente, versos que hoy canto, versos que se convierten en golosinas salvajez, dulces y desesperantes. Versos que aunque no los escriba los recuerdo como recuerdo tus ojos claros y los lunares de tu espalda aquellos que asemejan perfectamente las galaxias.
     
    Lluvia, ella a quien le canto hoy sobre ti, lluvia que me limpia la tristeza y me regala la virtud de saber que eres para mí aunque no estés aquí. Esta lluvia que me despoja las lagrimas saladas y me cubre los labios con las gotas dulces, labios que esperan ansiosamente la aproximación de los tuyos.

     La frescura de estas gotas que hacen fértil el campo interno de los girasoles en mi cerebro, tu sonrisa agiganta que me alimenta las ilusiones y tu manera tan extraordinaria de soslayar las adversidades. Como plantas que crecen con la luz del sol como las nubes que te cubren ahora en alguna parte del cielo donde por los momentos no estoy yo. Marchita y seca como nunca zopenca y ocurrente como siempre y hasta un poco más distraída de lo normal pues es mi constante andar ahora que aparentemente tu no estas, ansiosa e impulsiva por correr hacia tus brazos y sutilmente quedar atrapada en ellos sin escape sin salida para conseguir llenar ese vació enorme que aún tengo en el pecho.

     Bonita aurora de las madrugadas donde instintivamente me encuentro sola pero apaciguada porque te espero y te espero, la ultima esperanza que me queda. Con las ansias de verte surgir entre las luces de la mañana, esas luces pequeñas y armoniosas que  aunque son hermosas no opacan tu inhabitual sonrisa. Una soledad acompañada de tus grandes recuerdos de las esperanzas y las motivaciones que sembraste en mí, como la semilla exuberante que nace en el lluvioso campo, una soledad que felizmente arrastro todos los días desde tu partida, asi estés a la mitad de este mundo a miles de kilómetros de distancia aún guardo con anhelo tu lugar en la cama tu espacio en el guarda ropa y la planta que con amor hago vivir todavía para ti.

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