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Mostrando entradas de julio, 2017
    Tú, el olor de la tierra mojada, la brisa plena esa que le canta al mar o a las montañas.       El trance, el yo de otra tierra de otro universo posiblemente hasta de otra esfera, los días tranquilos, son los días en los que te miro, aunque son pocos. Me gusta tu risa y tus charlas largas en las que me desconecto del mundo y me entrego a ti, en donde le haces el amor a mi mente. También me gusta el café pero no más que el café claro y soleado de tus ojos, me gusta verte correr aunque mi andar sea más pausado y lento, aunque haya llegado mucho tiempo después.             Me gusta la vida rara, si, diferente a la tuya, me agrada lo incierto lo ficticio los pingüinos en combo por ejemplo. Me gusta el jazz y el soul porque riman exactamente con el movimiento sutil y lujurioso de tu cadera, me gusta tu andar galáctico y tu sonrisa trepidante esa que me hace volar a un plano inexistente en esta contaminada circunferencia. ...
        Los incesantes hábitos de pensar primero en lo que los demás piensa de ti, el arranque inestable del miedo a vivir nuevas hazañas y recorrer los caminos elementales, esos caminos libres y honestos. Los prejuicios de hoy, los de mañana, los que vendrán con el tiempo, los que supero y los que recojo. El lugar en tu cerebro donde guardas todos esos recuerdos, las melodías sonoras  que te hacen cambiar el mundo desde la perspectiva fantasiosa de tus ojos.       Las calles, caminantes de personas vacías una que otras llenas, los distintos pensamientos que me azotan en el metro mientras que la sociedad se devora  a mi alrededor, se hunden se vuelve aire sucio condensado entre tanta escoria. Las poesías melancólicas de la noche y las voces que albergan en mi que fluyen, que se desbordan entre tanta perplejidad  social, entre tanta mentira esta impureza que  me sigue día tras día, que me ve desde cerca.