Los incesantes hábitos de pensar
primero en lo que los demás piensa de ti, el arranque inestable del miedo a vivir
nuevas hazañas y recorrer los caminos elementales, esos caminos libres y honestos. Los prejuicios de hoy, los de mañana,
los que vendrán con el tiempo, los que supero y los que recojo. El lugar en tu cerebro donde guardas todos esos recuerdos, las melodías sonoras que te hacen cambiar el mundo desde la perspectiva
fantasiosa de tus ojos.
Las calles, caminantes de personas
vacías una que otras llenas, los distintos pensamientos que me azotan en el metro mientras que la sociedad se devora a mi alrededor, se hunden se vuelve aire
sucio condensado entre tanta escoria. Las poesías melancólicas de la noche y las voces que albergan en mi que fluyen, que se desbordan entre tanta perplejidad social, entre tanta mentira esta impureza que me sigue día tras día, que me ve desde cerca.
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